Qué papel de pared tan extraordinario tienen en Bélgica, ¿no le parece? tu trabajo si que es duro. Entonces le había asombrado que no dejaran de manosear en un solo momento aquel objeto horrible, y ahora, al preparar sus documentos, pensaba: «Me están transformando en una afligida pariente». -¡Ja! Helen se adelantó, le tomó las manos, inclinó la cabeza ante ellas y murmuró: La señora Scarsworth dio un paso atrás, pálida. -Venga conmigo -dijo-, y le enseñaré dónde está su hijo. Pero no a Hagenzeele-Tres; el mío está en la Fábrica de Azúcar, pero ahora lo llaman La Rosiére. Cancelar la respuesta. -Buenos días mi señor, siempre  atento a mis cuidados, Con tu azadón quitas las hierbas, que crecen  alrededor. -Sí, gracias -dijo Helen, y mostró la fila y el número escritos en la máquina de escribir portátil del propio Michael. Quiero decirle la verdad a alguien antes de ir. En lugar de entradas había pasos por encima de una zanja honda que circundaba el muro limítrofe sin acabar. Pero, el mismo día en que Michael iba a pasar con Helen cuatro horas enteras en una encrucijada ferroviaria más al norte, lanzaron al batallón al combate a raíz de la matanza de Loos y no tuvo tiempo más que para enviarle un telegrama de despedida. ¿No le gustan mis colores? Nada indicaba hasta entonces, decía la propia Helen, que ella fuera muy aficionada a los niños, pero pese a todos los defectos de George siempre lo había querido mucho, y señalaba que Michael tenía exactamente la misma boca que George, lo cual ya era un buen punto de partida. Y éstos pronto le explicaron, y le aclararon con horarios transparentes, lo fácil que era y lo poco que perturbaría su vida el ir a ver la tumba de su propio pariente. Acá hay uno mío que también tiene que ver con un jardín, el que quiera comentar -Yo soy nueva aquí. -A propósito -dijo la autoridad-, usted sabe dónde está su tumba, evidentemente. me enorgullece el corazon amigo me encanto lo que escribiste,yo como florecita sé como se ponen los jardineros cuando andan de mal humor,no obstante creo que si me cuidan con cariño,te mando unfuerte abrazo musical,que ya es viernes de pachanga. Recibe gratis un poema clásico semanal por correo electrónico. -Claro. -Bah, a mí no me preocupa eso. Autor: francisco Rodríguez González (sabianya) (Seudónimo) (Offline) Publicado: 10 de mayo de 2012 a las 16:55 Comentario del autor sobre el poema: ESTE POEMA ESTA DEDICADO A TODOS LOS JARDINEROS,QUE GRACIAS A ELLOS,LUCEN TAN BELLOS JARDINES. * Sobre la traducción: Yo no he perdido a nadie, gracias a Dios, pero me pasa como a tantos, que tienen muchos amigos que sí. -¿No me irás a decir que te has seguido creyendo aquella vieja historia todo este tiempo? Se me olvidaba preguntarle. HERMOSO POEMA AMIGO QUE BELLA FORMA DE ESCRIBIR ME HA GUSTADO MUCHO LEERTE GRACIAS POR COMPARTIR, garacia a ti mi amigo -exclamó-. Por lo menos algunas -paseó la vista por la habitación-. Siempre he sido una mentirosa, hasta de pequeña. -¡No digas esas cosas! -Seis años y cuatro meses antes y dos y tres cuartos después. El Jardinero es un poemario elaborado por Rabindranath Tagore que trata temáticas relacionadas con la vida de las personas y es lo que los convierte en verdaderas obras de arte. Atacó a Helen con el tema, y derribó sus defensas titubeantes con la franqueza de la familia. Pagó el viaje del niño y una niñera desde Bombay, los fue a buscar a Marsella, cuidó al niño cuando tuvo un ataque de disentería infantil por culpa de un descuido de la niñera, a la cual tuvo que despedir y, por último, delgada y cansada, pero triunfante, se llevó al niño a fines de otoño, plenamente restablecido a su casa de Hampshire. -Sí, gracias -dijo Helen, y salió corriendo antes de que la mujer de la cama turca empezara a sollozar de nuevo. Le explicó que no era más que su tía, y que las tías no eran lo mismo que las mamás, pero que si quería podía llamarle «mamá» al irse a la cama, como nombre cariñoso y secreto entre ellos dos. que se sobrepuso a su malestar para disfrutar y contribuir a que lo que le rodea sea cada dia más bello. Es un placer leerte. He leído muchas cosas de gente como yo en la historia de Inglaterra y en las cosas de Shakespeare. Yo sólo puedo decirle que he aspirado el perfume de la flor que en su verso me dejó. Entré a leer por el título y no me equivoqué. Usted… usted sabe lo de esas tumbas mías que le estaba hablando abajo, ¿no? Para que el mundo se llene, con tu fragancia de Amor. Un día en todos los años, una hora de ese día, su Ángel vio mis lágrimas, ¡y la losa se llevó! ¿Qué cree usted? ¿Quién era el suyo? Junto a una línea de losas había arrodillado un hombre, evidentemente un jardinero, porque estaba afirmando un esqueje en la tierra blanda. Adelante hay que propagarlo. -No se enoje caballero, y  ajústese bien el sombrero, Pues  sólo quería agradecer, los cuidados y la atención. Helen no supo qué decir y la otra mujer se marchó, pero Helen tardó mucho tiempo en dormirse. ¿Ni mi perfumado  olor? -Bueno, pues ya no volvemos a hablar del asunto si te hace llorar. -Bueno, pero cuando la verdad es algo feo no me parece bien. -Porque lo mejor es decir siempre la verdad -respondió Helen, que lo tenía abrazado mientras él pataleaba en la cuna. ¿Está usted segura de que sabe el número de su tumba? Recibe gratis un cuento clásico semanal. Yo ya he venido nueve veces desde el Armisticio. Para mí era todo lo que no tenía que haber sido… lo único verdadero… lo único importante que me había pasado en la vida, y tenía que hacer como que no era nada. En octubre tenía que haber ido a Oxford con una beca. Y cuando ya tengo suficientes encargos de una zona para que merezca la pena, doy el salto y vengo. Casi inmediatamente después sonó una llamada a la puerta y entró la señora Scarsworth, con la horrorosa lista en las manos. Feliz y fresco día. Sí, juro que son encargos. El batallón de Michael tuvo buena suerte porque, por una casualidad que supuso varios «permisos», fue destinado a la defensa costera en trincheras bajas de la costa de Norfolk; de ahí lo enviaron al norte a vigilar un estuario escocés, y por último lo retuvieron varias semanas con rumores infundados de un servicio en algún lugar apartado. amigo arnaiz. ¿Tiene ya habitación en el hotel de aquí? -¡No me importa! Una vez, en uno de sus permisos, Michael la había llevado a una fábrica de municiones, donde vio cómo iba pasando una granada por todas las fases, desde el cartucho vacío hasta el producto acabado. Todo esto se lo comunicó una autoridad central que vivía en una chabola de tablas y cartón en las afueras de una ciudad destruida, llena de polvareda de cal y de papeles agitados por el viento. Responder con cariño cuando rezongamos alivia nuestro malhumor. jajaja muchas gracias mi amiga yolanda,al final los jardineros no somos tan malos. Al decir lo cual cayó sobre el pecho de Helen, pero rápidamente salió la mujer del oficial de un cuartito que había detrás de la oficina y entre los tres, llevaron a la mujer a la cama turca. La Reina: —Terminó ya la asamblea, y todos mis servidores se han ido. Aplausos para el jardinero que creó estas versos hecho flor. me gustó mucho. Otras personas le aconsejaron que se pusiera en contacto con secretarios infalibles de organizaciones que podían comunicarse con neutrales benévolos y podían extraer información incluso de los comandantes más reservados de los hunos. Pero lo quería mucho. No sabes lo que…. En el poema 6 de El Jardinero se narra la historia de dos aves que desean estar juntas, cada una en su espacio, sin animarse a cambiar, a dejar atrás aquello que las limita sin entenderlo, a avanzar, y que, a … ¿Me comprende? Michael guardó fielmente el secreto, pero Helen, como de costumbre, se lo contó a sus amigos, y cuando Michael se enteró se puso furioso. La señora Scarsworth había retrocedido hacia la puerta cerrada y estaba haciendo gestos contenidos con la boca. Bueno, entonces quizá no… Pero no importa. no hay quien se resista a tal belleza A veces está lleno y otras veces casi no hay un alma. ¿Por qué? entonces gracias a usted me acrde de hacer un poema asi -Un sobrino -dijo Helen-. para mi Como vengo tantas veces, he visto que les resulta de mucho alivio que venga alguien para ver… el sitio y contárselo después. A lo que me refería era a que de haberme alistado ya habría entrado en faena… Igual que mi abuelo. Pero ahora ya han puesto cuartos de baño en el antiguo Lion d’Or, el hotel que está al oeste de la Fábrica de Azúcar, y por suerte también se lleva una buena parte de la clientela. -No caerá esa breva. El hombre levantó la vista y la miró con una compasión infinita antes de volverse de la hierba recién sembrada hacia las cruces negras y desnudas. eso solo lo hace dios y tu dinero-jar . Lo único que veía era un mar implacable de cruces negras, en cuyos frontis había tiritas de estaño grabado que formaban ángulos de todo tipo, No podía distinguir ningún tipo de orden ni de colocación en aquella masa; nada más que una maleza hasta la cintura, como de hierbas golpeadas por la muerte, que se abalanzaban hacia ella. Emma dice que nunca se sabe -Michael había estado hablando con la anciana y fea criada de Helen-. De manera que ahora Helen se vio empujada a otro proceso de la transformación: a un mundo lleno de parientes contentos o destrozados, seguros ya de que existía un altar en la tierra en el que podían consagrar su cariño. que florido poema y sin pasa na, muchas gracias mi amigo de buena tinta se que tu tambien sabes hacerlo Su comentario. un abrazo, hermoso un dialogo que da una flor a su jardinero que le cuida un abrazo amigo, muchas gracias mi amigo,es un placer,perdon pero hoy por razones de tiempo no pude comentar poemas El maestro jardinero es un poema infantil corto enviado por Marisa Alonso Santamaría para publicar en EnCuentos. Pero Helen, que no quería reconocer nada por el lado de la madre, juraba que era un Turrell perfecto, y como no había nadie que se lo discutiera, la cuestión del parecido quedó zanjada para siempre. Información del poema. Y nunca lo volvió a mencionar por su propia voluntad, pero dos años después, cuando contrajo las anginas durante las vacaciones, y le subió la temperatura hasta los 40 grados, no habló de otra cosa hasta que la voz de Helen logró traspasar el delirio, con la seguridad de que nada en el mundo podía hacer que cambiaran las cosas entre ellos. -preguntó al final de la rabieta. Usted no sabe lo que es eso. Y además se les pueden llevar fotos. El cementerio todavía no estaba terminado, y se hallaba a casi dos metros de altura sobre el camino que lo bordeaba a lo largo de centenares de metros. ¿Por qué vienes tan tarde? -preguntó Helen desesperada. Los cursos en su internado y las maravillosas vacaciones de Navidades, Semana Santa y verano se sucedieron como una sarta de joyas variadas y preciosas, y como tales joyas las atesoraba Helen. Es usted todo un caballero, digno de admiración. Deja que yo te siga, regando con mi sudor Eso es lo más importante. A los seis años quiso saber por qué no podía llamarle «mamá», igual que hacían todos los niños con sus madres. http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-172818, muchas gracias por visitarme para mi un placer que le guste Él se levantó al verla y, sin preludio ni saludos, preguntó: -Al teniente Michael Turrell… mi sobrino -dijo Helen lentamente, palabra tras palabra, como había hecho miles de veces en su vida. Reproducimos un poema del libro “El jardinero”, publicado originalmente en 1913 y editado en español por Losada en Buenos Aires (Argentina) en 1943 (y reeditado numerosas veces), con traducción de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez. Te he dado mi palabra de honor, y la repito, de que… que… no pasa nada. desde España un saludo a la bella Argentina Por fortuna, los padres de George ya habían muerto, y aunque Helen, que tenía treinta y cinco años y poseía medios propios, se podía haber lavado las manos de todo aquel lamentable asunto, se comportó noblemente y aceptó la responsabilidad de hacerse cargo, pese a que ella misma, en aquella época, estaba delicada de los pulmones, por lo que había tenido que irse a pasar una temporada al sur de Francia. Al cabo de un año más había superado todo su aborrecimiento físico a los jóvenes vivos que regresaban, de forma que ya podía darles la mano y desearles todo género de venturas casi con sinceridad. Una tumba se me dio, una guardia hasta el Día del Juicio; y Dios miró desde el cielo y la losa me quitó. Pero lo era. Con el tiempo, Michael fue creándose sus propios intereses, que fueron apareciendo y desapareciendo sucesivamente, pero su interés por Helen era constante y cada vez mayor. Me has hecho daño y ahora te lo quiero hacer yo. Era un viejo jardinero que cuidaba con esmero del vergel, y era la rosa un tesoro de más quilates que el oro para él. -Porque estoy tan harta de mentir. -preguntó Helen en voz baja. Leer más sobre: Marisa Alonso Santamaria (322) poemas clásicos (66) Por favor, déjenos un comentario. Cuando no estoy mintiendo, tengo que estar fingiendo, y siempre tengo que inventarme algo, siempre. -Sí… sí…, ya lo sé -comenzó-. y no pasa na, Este poema da fé, de tu sensibilidad hacia las cosas y las personas... Al cabo de un rato, Helen se encontró bajando las persianas de la casa una tras otra y diciéndole a cada ventana: -Cuando dicen que ha desaparecido significa siempre que ha muerto. A Helen le había estremecido la idea de que se alistara directamente. A fines de agosto estaba a punto de sumarse al primer holocausto de muchachos de los internados privados que se lanzaron a la primera línea del combate, pero el capitán de su compañía de milicias estudiantiles, en la que era sargento desde hacía casi un año, lo persuadió y lo convenció para que optara a un despacho de oficial en un batallón de formación tan reciente que la mitad de sus efectivos seguía llevando la guerrera roja, del antiguo ejército, y la otra mitad estaba incubando la meningitis debido al hacinamiento en tiendas de campaña húmedas. Después le llegó, como pariente más próxima, una comunicación oficial -que respaldaban una carta dirigida a ella en tinta indeleble, una chapa de identidad plateada y un reloj- en la que se le notificaba que se había encontrado el cadáver del teniente Michael Turrell y que, tras ser identificado, se le había vuelto a enterrar en el Tercer Cementerio Militar de Hagenzeele, con indicación de la letra de la fila y el número de la tumba. Para que el mundo se llene, con tu fragancia de Amor. un abrazo. El proyectil siguiente hizo saltar lo que hasta entonces habían sido los cimientos de la pared de un establo, y sepultó el cadáver con tal precisión que nadie salvo un experto hubiera podido decir que había pasado algo desagradable. un fuerte abrazo. Mi sistema es agruparlas y ordenarlas, ¿sabe? -Quizá sea mejor -respondió ésta-. Es un placer amigo Sabianya saber que el arte de escribir poemas se pega en la vida, me gusta tu estilo que se asemeja mucho al mio. ¡No puedo, de verdad! un saludo, Muy bueno Saby, con gentil gracia la flor le quito el malhumor al jardinero. -Pero es la costumbre de la familia -había reído Michael. Pagó su cuenta junto a una inglesa robusta de facciones vulgares que, al oír que preguntaba el horario del tren a Hagenzeele, se ofreció a acompañarla. Un gran abrazo sonriente. Pero no te preocupes, tía. Con la calor desvarío, y me llega el mal humor, En unos años Michael pasó a formar parte del pueblo, tan aceptado por todos como siempre lo había sido Helen: intrépido, filosófico y bastante guapo. -Perdone mi bella flor, por todo el atrevimiento. Me encargan muchas cosas que hacer -rió nerviosa y se dio un golpe en la Kodak que llevaba en bandolera-. Te lo aseguro. Helen dio un respingo y fue hacia la puerta, pero los llantos de «¡mamá, mamá!» le hicieron volver y los dos lloraron juntos. En su momento, cuando todas las organizaciones contestaron diciendo que lamentaban profunda o sinceramente no poder hallar, etc., algo en su fuero interno cedió y todos sus sentimientos -salvo el de agradecimiento por esta liberación- acabaron en una bendita pasividad. En el pueblo todos sabían que Helen Turrell cumplía sus obligaciones con todo el mundo, y con nadie de forma más perfecta que con el pobre hijo de su único hermano. ¿Así es como se lo toma usted? No por mí. gracias -Gracias a Dios yo me moriré mucho antes que tú, cariño. Ya sabes lo que dice K. -Sí, pero el lunes pasado me dijo mi banquero que era imposible que durase hasta después de Navidad. un abrazo. Vio que a lo lejos el hombre se inclinaba sobre sus plantas nuevas y se fue convencida de que era el jardinero. Todos los del pueblo sabían, también, que George Turrell había dado muchos disgustos a su familia desde su adolescencia, y a nadie le sorprendió enterarse de que, tras recibir múltiples oportunidades y desperdiciarlas todas, George, inspector de la policía de la India, se había enredado con la hija de un suboficial retirado y había muerto al caerse de un caballo unas semanas antes de que naciera su hijo. Varios amigos también le contaron historias completamente verdaderas, pero siempre de otras mujeres a las que al cabo de meses y meses de silencio, les habían devuelto sus desaparecidos. No puedo aguantar más. La gente no hubiera dicho lo que dijo si mis padres se hubieran casado. Desde entonces he venido a verle ocho veces. -Estupendo. Allí pudo ver letras bien grabadas al final de las filas y al consultar su papelito vio que no era allí donde tenía que buscar. Pero es que hay una… y para mí era lo más importante del mundo. muchas gracias amiga,un placer su visita,me alegra que le guste Pero él no se merece eso. No tenía el número de su chapa de identidad ni sabía cuál de sus dos nombres de pila podía haber utilizado como alias, pero a ella le habían dado en la Agencia Cook un billete de turista que caducaba al final de Semana Santa y, si no encontraba a su hijo antes, podía volverse loca. Por eso… por eso… tenía que decírselo a usted. El pastor protestante, naturalmente, predicó la esperanza y profetizó que muy pronto llegarían noticias de algún campo de prisioneros. -dijo Helen (Emma, la criada, había muerto hacía años)-. En Francia, el batallón volvió a tener suerte. Tengo que contárselo a alguien. Ella se lo devolvía con todo el afecto del que era capaz, con sus consejos y con su dinero, y como Michael no era ningún tonto, la guerra se lo llevó justo antes de lo que prometía ser una brillante carrera. El servidor: —Mi hora llega cuando la de los demás ha pasado. ¡Te haré daño toda mi vida! Helen se lo agradeció, pero cuando llegaron al hotel, la señora Scarsworth (ya se habían comunicado sus nombres) insistió en cenar a la misma mesa que ella, y después de la cena, en un saloncito horroroso lleno de parientes que hablaban en voz baja, le contó a Helen sus «encargos», con las biografías de los muertos, cuando las sabía, y descripciones de sus parientes más cercanos. Supongo que ya debe de bastar con la sensación de pérdida. Está justo al sur de Hagenzeele-Tres. -Claro que sí. Y  vienes por tu salario, que yo confundí con amor. abrazos, estupenda fábula con una gran enseñanza amigo, muy buena tu incursión en ese estilo, sigue adelante me ha gustado mucho, bravo por el jardinero!! Todo el día  estás plantada, sólo quieres alardear. Los fragmentos que he seleccionado corresponden a la edición de El jardinero publicada por la editorial Poesía … -¡Claro! Lo primero fue que el pastor bautizara al niño con el nombre de Michael. Para empezar, Guillermo el Conquistador y… bueno, montones más, y a todos les fue estupendo. Para entonces el pueblo ya tenía mucha experiencia de la guerra y, en plan típicamente inglés, había ido elaborando un ritual para adaptarse a ella. un beso para ti, gracias Alejandra tu siempre tan atenta con tus comentarios, El té que se tomó en una estructura de madera a rayas malvas y azules, llena hasta los topes y con una fachada falsa, le hizo sentirse todavía más sumida en una pesadilla. Y, claro, no debería haberlo sido. un cordial saludo. Un mes después, y cuando Michael acababa de escribir a Helen que no pasaba nada especial y por lo tanto no había que preocuparse, un pedazo de metralla que cayó en una mañana de lluvia lo mató instantáneamente.

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